Laboratorio de Ideas: elegir lo que aprendes y crear recursos en tu propio centro educativo.

Al principio del curso 2017-18, el equipo de orientación del colegio Juan de Lanuza de Zaragoza se puso en contacto conmigo, solicitando ayuda para poner en marcha en su centro un proyecto de atención dirigido especialmente a los alumnos con altas capacidades intelectuales. En Aragón tenemos como referencia los Programas de Desarrollo de Capacidades que se llevan a cabo en un buen número de centros públicos y privados concertados. A todos ellos les falta, para parecerse al Modelo de Enriquecimiento Escolar de Renzulli algo que considero indispensable: la atención a tiempo completo en las aulas regulares, utilizando la compactación curricular. Es una condición sin la que resulta imposible que estos alumnos aprendan a su propio ritmo.

Por eso, siempre que me piden algún tipo de asesoramiento, lo primero que hago es recomendar la atención continua en las aulas para estos chicos y chicas. Pero suele ser en vano. Mi segunda recomendación es diversificar las aulas para que cualquier alumno pueda progresar a su propio ritmo. Tampoco tiene un gran predicamento, excepto si estas aulas son rurales unitarias (o casi unitarias), porque es obligatorio que estén diversificadas.

Es más, el proyecto que debía empezar ese curso tenía unos requisitos organizativos que había que tener en cuenta para encajarlo en la realidad: se realizaría en una sala amplia del centro, que al final resultó ser el laboratorio de ciencias, con dos grupos, uno de 5º y 6º de Primaria y 1º de ESO, y otro desde 2º a 4º de la ESO, compuestos por una horquilla de 20 a 30 alumnos, durante una hora y medía dentro de horario escolar (una tarde) cada dos semanas, y con una selección de alumnos y alumnas que debían cumplir con perfiles de altas capacidades intelectuales, a los que también podrían incorporarse estudiantes de alto rendimiento.

Como recursos, además del laboratorio de ciencias, los asistentes y un servidor podríamos contar con la estructura de Google que está a disposición del colegio (fundamentalmente Google Classroom y Google Sites), así como con la posibilidad de utilizar durante las sesiones presenciales un chromebook por estudiante con conexión a Internet.

Con estos mimbres, había que construir los cestos. Con un tiempo tan limitado, con unos grupos tan nutridos, utilizar la experiencia como un enriquecimiento al uso resultaba poco convincente. No quedaba más remedio que aprovechar el tiempo al máximo, y dar un sentido al trabajo de los participantes para que pudiesen encontrarse a gusto con la experiencia.

Recordé las palabras de Laurie Westphal, escritas en uno de sus libros sobre «Instrucción Diversificada con Menús»: entre las diferentes opciones que se les ofrecían a los alumnos de secundaria para cambiar la dinámica de sus clases en sus centros educativos, el 100% de los estudiantes respondían afirmativan a la posibilidad de elegir las tareas a realizar entre diferentes opciones. Esto era un punto de partida importante. Pero había que tener otros en cuenta, que he mencionado en mi libro «Didáctica para alumnos con altas capacidades»:

  • Centrar las actividades en los intereses de los estudiantes.
  • Conseguir que el aprendizaje sea ameno, atractivo y retador.
  • Proponer al participante como meta u objetivo final un trabajo que resulte útil tanto para él mismo como para los demás, entendiendo esta última palabra como sinónimo de compañeros de clase, ciudadanos de su barrio, de su pueblo o ciudad, de su país, o del mundo, sin ningún tipo de restricción.  

Este cóctel dio como resultado el diseño de una experiencia que, en honor al espacio en que se está celebrando, lo bauticé como «Laboratorio de Ideas». Un grupo de alumnos y alumnas que, al ahorrar tiempo en sus tareas escolares habituales por resultarles fáciles, por cumplir con los objetivos mínimos que les han impuesto, disponen de un espacio y de un tiempo para aprender sobre el tema que más les guste, que más les apasione, de manera autodidacta, con el fin último de crear algo que permita explicar, divulgar, enseñar a sus compañeros o al resto del mundo aquello que han estado investigando, a través de videotutoriales, podcasts, juegos de mesa, videojuegos, publicaciones electrónicas, maquetas, exposiciones,  escape rooms, libros de texto, simulaciones, todas ellas diseñadas por ellos mismos, o cualquier otra idea que se les pueda ocurrir.

Carta del juego ¡Enfermedad va!

Carta del juego ¡Enfermedad va!

Cada curso, los participantes comienzan cumplimentando un cuestionario de intereses. Una vez que lo responden, se les asocia a diferentes «classrooms», una por tema elegido, donde disponen de una mínima información básica, documentos iniciales, y un menú de sugerencias sobre proyectos en los que podrían embarcarse, aunque siempre disponen de la opción de elegir su propia idea. Finalmente, seleccionan un tema y dentro de él, un proyecto. A partir de ese momento, comienza el aprendizaje autodidacta, en el que yo participo como consejero y ayudante de obra, más de lo primero que de lo segundo. Todas sus creaciones iran engrosando un espacio en la web del centro que  hemos denominado (con un guiño intencionado) «Juan de Lanuza Academy». Es cierto que los resultados al final de cada curso, como pasa en cualquier proceso creativo, no son totalmente productivos. Hay ideas que no cuajan, otras que se quedan a medio desarrollo, bien por ser demasiado ambiciosas,  o por todo lo contrario. Esto es algo que hay que asumir como parte del proceso, y lo saben muy bien quienes se dedican profesionalmente a disciplinas creativas. Pero hay otras que pueden ser (estoy seguro de ello) muy aprovechables: diseños de juegos de mesa para utilizarlos como actividad de entrenamiento en clases de Ciencias Naturales y Sociales, reportajes divulgativos sobre temas punteros en Física, exposiciones fotográficas, simulaciones de excavaciones paleontológicas, programas para encriptar mensajes, escape rooms que homenajean a la Criminalística, elaboración de productos cosméticos, recreaciones infográficas sobre la evolución del Sistema Solar,  podcasts sobre las dimensiones del Universo, crear hologramas, diseñar videojuegos y dispositivos de control con arduino, bucear en las matemáticas de culturas antiguas, explorar  virtualmente el espacio conocido, crear animaciones con la técnica de stop motion,…y todo ello para ofrecerlo como recurso al propio centro educativo, para que pueda ser utilizado en sus aulas, y quien sabe si en algún momento pueda dar el salto a otras latitudes. En otras entradas espero poder contar con detalle alguno de estos proyectos.

En cualquier caso, y mientras se desarrolla durante este curso 2019-2020 la tercera edición consecutiva del Laboratorio de Ideas, con un número de grupos más numeroso pero de menor tamaño, estoy absolutamente convencido de que estamos poniendo los cimientos para que se cumpla uno de los sueños más esperados por los alumnos más capaces: que los centros educativos tengan un espacio para que alumnos, docentes y mentores, paralelamente a los estudios básicos, puedan crear y aportar al mundo sus propias ideas y recursos para favorecer la enseñanza y el aprendizaje en los diferentes campos del conocimiento humano.

Su otro sueño seguirá siendo poder aprender a su propio ritmo, pero eso ya será otra historia.⊗

 

 

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