Gracias, maestro Rodari

Gramática de la Fantasía

Técnicas para inventar historias

Con un libro que cuesta menos de 10 euros, un maestro de primaria o un profesor de secundaria puede ser capaz de revolucionar su forma de enfocar en el aula una asignatura vital para el trabajo educativo, pero que puede ser terriblemente aburrida para los alumnos con cierto talento lingüístico. Gramática de la Fantasía es una obra altamente recomendada. Hace más de 30 años que falleció su autor, pero su mensaje sigue fresco y vigente. Una bonita muestra del contenido del libro la encontraréis en la web de Neuronilla.

Es esencial incorporar la creatividad en el currículo escolar básico. No siempre es fácil. Pero si hay una asignatura en la que esta tarea es gratificante, es precisamente en lengua y literatura. El libro de Gianni Rodari está plagado de técnicas para inventar historias, para estimular la imaginación de los niños, para convertirlos en incipientes escritores.

A hablar se aprende hablando; a leer, leyendo; a escribir, escribiendo.  Y se aprende todo a la vez, jugando.  ¡Cuántas cosas se pueden aprender sin leer antes un manual de instrucciones! Y los niños son maestros en eso.

Gracias, profesor, por el legado que nos ha dejado.

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Didáctica para alumnos con altas capacidades

Didáctica para alumnos con altas capacidades

El 8 de mayo se publicó mi primer libro (es cierto que tengo algún capítulo escrito en otra obra, pero es la primera vez que lo hago en solitario) .  Es un libro conciso, divulgativo a la vez que especializado, que apuesta por apoyar al nuevo paradigma de las altas capacidades que se está construyendo desde hace una década. Y lo hace de forma contundente, queriendo destruir muchos mitos y dando un giro de 180 grados a la bibliografía existente en este tema:  apenas hay un tema sobre teoría, y el resto del libro se dedica a dar pistas útiles a los docentes y a los padres, descendiendo a lo concreto a lo práctico y cotidiano. Como le pasa a cualquier autor, después de las primeras horas emocionantes, de su difusión en las redes, y de la recepción de una buena cantidad de enhorabuenas por el «alumbramiento», comienza una fase de inquietud.  Una etapa de incertidumbre hasta que los lectores comienzan a dar sus opiniones, y empiezan a llegar las críticas positivas y negativas.

Podéis acceder a la reseña de la editorial en
Didáctica para alumnos con altas capacidades.

¡YA DISPONIBLE EN FORMATO E-BOOK!

Por eso, y para que ese período sea el más breve posible, os agradecería que, al término de la lectura,  accedáis al enlace que he situado en la parte inferior de esta entrada, y cumplimentéis un breve cuestionario. Os estaré muy agradecido:

Cuestionario de opinión sobre el libro Didáctica para alumnos con altas capacidades..

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Ya empezamos

Algunos padres o madres puede que se sientan identificados con el discurso que aparece unas líneas más abajo en cursiva. Se repite más de lo que sería deseable. Voy a poner en boca de un padre una respuesta a una pregunta que con frecuencia le suelen hacer algunas personas del entorno educativo, cuando osa sugerir que su hijo o hija podría tener altas capacidades intelectuales. Tal osadía tiene un coste, que suele ser un cierto desprecio latente, un gesto facial que deja ver una nube de pensamiento en la que está escrita la frase…«Pero éste, ¿qué se habrá creído que tiene en casa?». Por eso muchos padres y madres callan, y prefieren que su hijo aguante estoicamente durante 10 años de su vida una lenta y pesada travesía por el desierto. Aguantan, hasta que comprueban que su hijo comienza una progresiva e inexorable desadaptación escolar, y al final dan el paso al frente y traspasan la línea que antes no se atrevían a cruzar. Y entonces reciben la pregunta_bofetón: «Pero tú, ¿qué es lo que quieres?»:

«¿Que es lo que quiero?, me preguntan a mi, al padre de un niño singular. ¿Qué es lo que quiero? Muy fácil: quiero que mi hijo crezca feliz dentro del colegio y fuera del colegio. No quiero que deambule por los pasillos y las aulas como un fantasma acosado. No quiero que un matón lo arrincone en una esquina, ante la mirada indiferente y cobarde de sus otros compañeros y la irritante ausencia de los adultos. Quiero que pueda hacer amigos, que pueda hablar de esos temas que le interesan y que se aproximan a las fronteras del conocimiento. No quiero que ningún profesor lo ignore por considerarlo un «sabiondo» o lo ponga en evidencia y lo ridiculice ante el resto de la clase. Quiero que pueda imaginar con libertad, que pueda crear y construir, que se sienta útil, que vea que su trabajo sirve para algo. Quiero que todos los días sean para él un reto alcanzable. No quiero que se apague durante diez años de su pequeña existencia como una vela que ha consumido el oxígeno que la rodea. No quiero que vosotros, maestros y profesores, le hagáis repetir hasta la saciedad todas aquellas consignas y rutinas que ya conoce de otros cursos. Quiero que le ahorréis el tiempo que dedica a aprender de nuevo lo que ya sabe. ¡Demonios!¡Nadie aprende lo que ya sabe!. Quiero que le acompañeís en su despegue, que abráis las ventanas del conocimiento, que le ayudéis a subir las escaleras poco a poco, no que le pongáis la zancadilla o le golpeéis bien fuerte en el alma por no seguir obediente los pasos del rebaño. Quiero que respetéis a mi hijo. ¿Está claro lo que quiero?»

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